Valkiria

Hola moz@s, me encantaría compartir una historia que hice con una amiga y compañera Suneire como un trabajo de clase sobre un cuenta-cuentos. Antes de leerla, tengo que avisaros de que este relato no va destinado a niños pequeños (sólo si pretendéis traumarles XD), sino para un publico más adulto, ya que puede contener algunas escenas un poco duras.

Espero que os guste:

Copia de valkiria

Por unos instantes cerré mis ojos. Me encontraba en medio de una cruenta batalla donde era imposible ganar. La mayoría de nuestro ejército había caído en manos del enemigo. Ya no quedaba esperanza. Todo lo que había a mi alrededor era muerte y destrucción.

Lo único que quería era escapar de esto. Podía oír desde lejos como chocaba el acero contra el hierro y el eco de los heridos suplicando clemencia. La sangre derramada fluía cual río desbordado inundando las calles. Todo se había reducido a cenizas.

Era la única superviviente de aquella masacre. El ejército enemigo era consciente de que no tenía nada que hacer. El superior del clan enemigo se iba acercando lentamente hacia mí mientras desenvainaba su espada, todavía impoluta de sangre. Me quedé paralizada ante el miedo y la impotencia. No podía atacar ni defenderme, por no decir que apenas me quedaban fuerzas para ponerme en pie.

Una vez desenvainada su espada, procedió a quitarse el yelmo que le protegía a la vez que cubría su rostro. No podía creer quién era. Se trataba del hombre que una vez amé. Pero ahora sólo era un monstruo sediento de sangre.

Ya no importaba lo que alguna vez sentimos el uno por el otro, ahora sólo era mi enemigo. Pero sabía que no podía hacer nada contra él. Contemplando mi fatal desenlace, decidí afrontarlo con valentía y mirada desafiante, no iba a darle esa satisfacción a la hora de manchar su espada con mi sangre.

—¡¿A QUÉ ESTÁS ESPERANDO?! ¡HAZLO! ¡MATAME! ¡ACABEMOS CON ESTO DE UNA VEZ! ¡SÉ QUE LO ESTÁS DESEANDO! —bramé con furia.

Se rió con arrogancia ante lo que creía que serían mis últimas palabras.

—¿Matarte? Morir sería demasiado fácil para ti. Tú mereces algo peor que la muerte. ¡LLEVÁROSLA!.

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Sus hombres me llevaron a rastras hasta la mazmorra del castillo donde me aguardaba el peor de los destinos: convertirme en la cortesana del nuevo rey. La princesa que una vez fuí había muerto junto con el resto de mi reino.

En el pasado, ese hombre destrozó mi corazón. Pero al parecer no se contentó sólo con eso, quería hacer de mi existencia un verdadero martirio. Me había arrebatado todo lo que me importaba. Había destruido todo mi mundo. Ya no me quedaba nada. Él había ganado.

¿Qué sentido tenía seguir con vida? Traté de desprenderme del mundo, pero lo único que tenía a mano, era una roca puntiaguda, me la acerqué a la yugular. Parecía tan fácil, tan simple… Pero una voz dentro de mí me pedía que no me rindiera.

Antes de que pudiera hacer nada, ese hombre entró en mi celda, desenvainó su espada y me apunto directamente al cuello. No me moví, simplemente me quedé mirándolo desafiante, la misma mirada con la que le reté en el campo de batalla.

Insatisfecho por mi reacción, me agarró fuertemente del pelo. Me quedé de rodillas, todavía con la mirada firme en sus ojos vacíos. Lleno de rabia me golpeó en la cara con la mano que le quedaba libre. Fue entonces cuando se dirigió a mí en un tono amenazante de muerte:

—Si no vuelves a ser mía olvídate de seguir con vida, zorra. ¿O es que acaso quieres correr la misma suerte que tus amiguitos?

Le escupí sangre directamente a la cara. Se limpió con aversión pero eso sirvió para enfurecerlo aún más. Me estiró con más fuerza del pelo echando la cabeza con fuerza hacia atrás. Pegué un grito de dolor.

—Olvídalo, no te pertenezco. Prefiero mil veces la muerte que volver a tu lado —Le respondí con dificultad debido al daño que me estaba haciendo .

—Claro que me perteneces, maldita zorra. Si sigues con vida es porque yo quiero.

—Contigo es como si ya estuviera muerta. No pienses ni por un segundo que quiero estar a tu lado, no después de lo que me has hecho pasar estos años.

Yo era el único hombre que te amaba aún cuando no eras nadie, ¿y así me me lo agradeces? ¿Después de todo lo que he hecho por ti? No eres más que una puta egoísta. 

—Sólo me hiciste sufrir, y ahora me has arrebatado todo lo que me importa. Solo deseo que te pudras en el infierno.

Se hizo un momento de silencio. Esperaba con miedo recibir otro de sus golpes pero en su lugar continuó hablándome con superioridad y desprecio.

Como tu esposo que sigo siendo, te daré dos opciones. O bien puedes arrastrarte ante mi para pedirme perdón y yo en mi infinita misericordia acepto tus disculpas, y así podrás disfrutar de nuevo de una vida llena de lujos a mi lado, o puedes seguir pudriéndote en las mazmorras y ser mi esclava.

Siempre he sido tu esclava, no veo la más mínima diferencia.

Aquel hombre vil y cruel me volvió a agarrar del pelo y me golpeó la cabeza contra la pared. Tras la agresión, se fue sin decir nada más.

Me abracé a mi misma para reconfortar las nuevas heridas que aparecieron en mi cuerpo, además de algunas antiguas cicatrices que se abrieron tras la paliza. Prácticamente había perdido toda esperanza de salir de aquel lugar. No obstante, esa voz de mi interior me decía que tuviese fe. Siempre resultaba un consuelo pensar que no todo estaba perdido, aunque, en ese momento, no lo creyera.

Cayó la noche cuando los guardias me sacaron de mi celda a la fuerza. Traté de resistir todo lo que pude pero no podía pelear con los dos a la vez. Sabía lo que venía ahora. Casi prefería morir de inanición en las mazmorras infectadas de ratas que en una alcoba encerrada con ese sinvergüenza.

 

Los resquicios de esperanza, comenzaron a aumentar cuando nos encontramos con nuestros aliados. Un gran ejército nos estaba esperando. Sabía que había personas que en el fondo me apoyaban, pero nunca creí que se implicarían. Pensaba que estaba sola. Una parte de mí pensaba que no se merecía ese apoyo.

Había estado tan ciega mirando sólo a la hermosa oscuridad que le aportaba dolor y sufrimiento pero aun así la atraía como la llama a una polilla. Pero eso sólo me distanció de lo que de verdad tenía a mi lado y todo por culpa de mi ingenuidad y obstinación.

Pero eso sólo me distanció de lo que de verdad tenía a mi lado. Ahora podía ver con más claridad. No me dejaría vencer por ese abusón misogino. No sin antes luchar.

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Ilustración de Mélanie Delon

 

***

—Oye, ¡¿Estás sorda o qué?! —preguntó con despectivismo.

Torné bruscamente a la realidad cuando una mano me sujetó con fuerza la barbilla y me hizo girar la cabeza con brusquedad haciéndome daño en el cuello. Parpadeé saliendo totalmente de mi ensoñación y me encontré cara a cara con el dueño de mis cadenas, mi peor pesadilla enmascarada.             

—Joder, tía. Eres increíble. Todo el día empaná. No sabes hacer nada más que pensar en las musarañas —Mi novio suspiró y me soltó—. Joder que inútil. Siempre igual contigo.

Se marchó dando un portazo.

Me froté el cuello para aliviar el dolor y con la otra mano me abracé a mí misma.. Contuve las ganas de llorar. Mi mente era el último refugio donde podía escapar de su dominio y mi fantasía mi único recurso para luchar contra algo que no me atrevía a afrontar.

Pero no podía seguir así. No quería vivir de esta manera. Lo único que deseaba era salir de aquel pozo oscuro y ver la luz de nuevo. Pero me sentía tan sola, tan alejada del mundo del que yo misma me aislé.

Sabía lo que tenía que hacer. Pero una vez que lo hiciera no habría vuelta atrás. Saqué el móvil y marqué los dígitos que memoricé desde hacía tiempo.

—Hola, necesito ayuda.  

Mi imaginación era mi inspiración para dar un paso adelante. Tenía que ser fuerte y valiente como la heroína de mis sueños. Al fin y al cabo, yo soy la propia protagonista de mi historia.    

“Ponle fin para tener un principio”. Anónimo

 

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La Estructura Narrativa

gradually-3112405_1920.jpgLas personas cambian cuando se dan cuenta del potencial que tienen para cambiar las cosas”. Paulo Coelho (1947) escritor brasileño.

Al fin y al cabo, somos lo que hacemos para cambiar lo que somos“, Eduardo Galeano (1940 – 2015) escritor y periodista uruguayo.

La  Estructura Narrativa es un esquema que marca cada cambio por el que pasa la narración y el o la protagonista de principio a fin. Se compone de tres elementos que da continuidad a la historia: planteamiento, nudo y desenlace. Cada uno de ellos representa una parte de la novela.

  • Planteamiento (25%): se trata de, nada mas y nada menos, que del principio de la historia. Durante ese período, se presenta al o a la protagonista y el entorno en el que se mueve. También se muestra cual es su deseo .
    • Desencadenante: algo ocurre que rompe el equilibrio e interrumpe la acción.
    • Punto de giro: la dinámica de la historia cambia provocando que el o la protagonista actúe.
  • Nudo (50%): abarca casi toda la novela. El conflicto está muy presente en esta parte (aunque también puede aparecer desde el principio), lo que hace que los héroes deban tomar decisiones para conseguir su objetivo.
  • Desenlace (25%): parte final de la estructura. Aquí es donde el o la protagonista debe darlo todo o nada y, como resultado, puede haber conseguido su deseo o no. Pero es muy importante que sea consecuente. No obstante, debe producirse una transformación en el héroe, pues ya no es el mismo que era al principio de la historia.

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Andaira: El reflejo del ser

Andaira es un relato que escribí para un concurso en mi instituto. No voy a cuestionar porque no gané XD. Eso debéis descubrir vosotr@s, si queréis claro.


 

Selerina

Intenté hacer la portada. Recalcó en lo de intentar.


Ariadna estaba desolada. Lloraba sobre el hombro de su padre mientras contemplaba el frío y pálido cuerpo de su hermana tras el cristal. Allí yacía durmiendo plácida y eternamente. Su semblante parecía sereno y tranquilo. Al contrario de las últimas semanas de su defunción.

Alicia comenzó a comportarse de manera extraña hacía unos meses. No comía nada ni hablaba casi y cuando lo hacía, gritaba disparates. Todos pensaron que se debía al hecho de su ruptura con su novio David. Sin embargo, no mejoró con el tiempo. Sus padres preocupados por el comportamiento de su hija la mandaron a un psiquiatra. Pero ni su familia ni sus amigos ni un profesional pudieron hacer nada por ayudarla. No era de extrañar que decidiera poner fin a su vida.

Pasaron las semanas desde el velatorio y aun así su madre no podía soportar pasar por delante de la habitación de Alicia sin soltar un sollozo. Por lo que, para dejar atrás el dolor y seguir adelante, empaquetó varios objetos suyos y le dijo a su hija Ariadna que si quería podía quedarse con algunas cosas.

Ariadna aceptó pero cogerle la ropa a su hermana ya no tenía la misma gracia. Se sentía como si estuviera saqueando su cadáver. Sin embargo, recordaba todas aquellas veces en que Alicia le cerraba la puerta en sus narices y le tenía prohibida la entrada.

Ahora permanecía parada frente al cuarto sin saber qué hacer. Ari se preguntó si habría querido que se quedara con algo o hubiera preferido que se quedara todo tal y como estaba. No obstante, ya no importaba mucho cuál habría sido su voluntad, nunca la sabría. Ahí fue cuando se dio cuenta de que no conoció realmente a su hermana.

Ariadna revisó su fondo de armario, algunos cajones y sus estantes. Sólo cogió un par de cosas que quería conservar. Pero aún se sentía mal.Resultado de imagen de mirror png

Al cerrar la puerta, se percató del enorme espejo de cuerpo entero. El marco de plata era precioso y el vidrio estaba impecable.

Ari recordaba que su hermana lo compró en una tienda de antigüedades llamada Las Maravillas del Pasado. Alicia se encaprichó de aquella portentosa superficie lisa cristalina mientras admiraba su belleza en ella.

Su hermana siempre había pecado de vanidad y egolatría. Enamorada de su propia imagen, se pasaba noche y día ante su reflejo cual Narciso en el río.

Hasta que tras la separación con su ex pareja debido a que le engañaba con otra, Alicia parecía haber perdido el norte y nunca volvió a encontrar el camino de vuelta. Perdió la confianza en sí misma y ya no se sentía tan atractiva como antes, sino al contrario. Entonces su comportamiento se tornó aún más siniestro cuando comenzó a proclamar a gritos sobre algo denominado Aicila que no le dejaba vivir tranquila.

Le recorrió un escalofrío al rememorar aquellos días tormentosos en los que la presumida Alicia se tornó la desquiciada Alicia.

Tratando de dejar el pasado atrás, Ariadna miró su reflejo en el. El espejo le mostraba la imagen de una chica de tez blanca, ojos almendrados de color avellana y el pelo castaño y rizado. Sin embargo, no sólo veía sus características físicas, sino también tal y como se sentía, afligimiento e indecisión. Entonces, se percató de que no era a la única a la que estaba reflejando la placa.

Su corazón se paralizó al ver detrás de ella a su hermana Alicia observándola con expresión iracunda. Llevaba las mismas vestimentas con las que fue enterrada. Era como si se hubiera levantado de la tumba para atormentarla.

Ariadna palideció al instante. Se volteó paulatinamente esperando no encontrársela allí de verdad, pero tal como sospechaba no había nadie en la habitación aparte de ella. Estaba sola. Siempre lo estuvo.

Ari sacudió la cabeza intentando deshacerse de aquella imagen de su hermana. Pero era imposible olvidar los ojos desorbitados rebosantes de locura y cólera que la miraron a través del espejo.

Cuando se recuperó del susto y se autoconvenció de que sólo se trataba de un espejismo, de que su mente estaba jugando con ella, retornó la vista hacia el espejo. No vio gran cosa, simplemente una chica asustada y afligida a la que los remordimientos y la indecisión la carcomían.

A Ariadna, por el contrario de Alicia, no le gustaba mucho contemplarse a sí misma en el espejo. Pero, por una extraña razón, quiso conservarlo. Era un reliquia antiquísima y majestuosa que le costó una fortuna a su familia. Además de que para su hermana fue importante, por lo que contenía un gran significado.  

Su padre mascullando y musitando maldiciones entre dientes consiguió trasladar el pesado marco argénteo hasta su dormitorio. Ahí se quedó frente al armario que parecía pequeño y anodino al lado de esa monumental y colosal figura diáfana. No obstante, no era lo único que parecía ser algo fútil e insustancial en la habitación.

Durante los siguientes días, Ariadna rehuía su mirar en el espejo. Le hacía sentir insignificante. Pero siempre acababa echando un vistazo que terminaba en depresión.

Alicia era presuntuosa, Ariadna celosa. Ari anteriormente aspiraba a ser como ella: bella, atractiva, segura de sí misma. Pues ella no se veía de tal forma, sino al contrario.

Cada vez que se miraba, veía el rostro de un auténtico esperpento. Sólo se percataba de los defectos que tenía y se incrementaban de la manera más grotesca a través del cristal.

Unas veces se veía su cuerpo voluminoso, otras como un adefesio con pústulas y granos por todo el rostro, otras deforme cual monstruo de circo que debían aislar.

Pero lo que sí era cierto, es que se sentía poco agraciada y, sin embargo, no estaba tan lejos de la realidad, pues con el paso del tiempo su aspecto se volvió bastante enfermizo y demacrado por culpa de aquella chica parecida a ella que se mofaba con crueldad.

No obstante, no sólo le mostraba las imperfecciones físicas, sino también las psicológicas: aprensiva, cohibida, débil, inestable, inútil, sombría y tensa. El rostro de una auténtica fracasada. Pero, sobre todo, los rasgos más característicos que sobresaltaban sobre todas las demás y del que no se percataba eran la propia inseguridad y la falta de autoestima que se encontraba por los subsuelos.

Pasaron los días y se transformaron en semanas, y así el complejo de inferioridad se intensificó con el tiempo.

Entonces tocó el cristal con la mano derecha al mismo tiempo que su reflejo que desde su perspectiva era la izquierda. El tacto resultaba frío casi glaciar. Esa textura lisa y gélida ardía como el hielo contra su mano.

A Ariadna ya no le quedaban lágrimas que derramar. Estaba seca cual tierra a la que le echaban sal para que no volviera a brotar nada, cual desierto desolado; como lo estaba su corazón.

Se fijó en su cara ahora pálida como la de un fantasma y con aspecto lívido. Pero ella sólo veía un monstruo. De repente, una ola de rabia se apoderó de su cuerpo.

Maldijo el día en que decidió quedarse con el. Harta de las insinuaciones y de las burlas por parte de la chica de enfrente, decidió romper la estructura vidriosa de un golpe y la superficie se resquebrajó completamente provocando una lluvia de cristales.

Sin embargo, el espejo le devolvió el golpe. Pues desgraciadamente, una de las esquirlas fue a parar directa al cuello de la chica y Ariadna cayó al suelo sin vida mientras que el espejo estaba intacto reflejando a una chica moribunda tendida en el suelo.

Y así yo, el alma desprendida de lo que una vez fue una joven, dije con mi último aliento: «Una mala mirada y te volverás loco. Un solo pensamiento negativo sobre uno mismo y será fruto de la semilla de la desgracia y la perdición. Mírate y acéptate tal y como eres. Con tus virtudes y tus defectos. Con tus fortalezas y debilidades. Porque eso nos hace ser como somos. Únicos. Nada ni nadie es perfecto. Al fin y al cabo somos perfectamente imperfectos por naturaleza».

Deseo y Conflicto

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Vencer sin peligro es ganar sin gloria.” Lucio Anneo Séneca (4 a.C. – 65 d.C.) filósofo, político, orador y escritor romano.

 

 

Todo protagonista ha de tener un deseo, un sueño, una razón, un motivo para levantarse y seguir adelante. Puede ser algo material o intangible. Pero debe ser algo muy fuerte para que el héroe o la heroína lo deseé con todo su ser y quiera conseguirlo cueste lo que cueste.

Hay muchos ejemplos a elegir: encontrar el amor, que ese alguien se enamore de él/ella, vencer al malo, resolver un misterio, obtener un logro personal o alguna recompensa…

No obstante, el sendero que ha de seguir para alcanzar el éxito no debe ser un camino de rosas, a no ser que esas rosas tengan espinas. El protagonista debe enfrentarse a sus demonios, los cuales tratan de impedir que cumpla su objetivo. Si el protagonista no tiene ningún problema a la hora de satisfacer su deseo, sería lo mismo que contar que fuiste a comprar el pan un sábado por la mañana cualquiera. Por eso, todo deseo ha de tener un conflicto.

Un conflicto es lo que se opone al deseo. Puede haber uno o varios, pero siempre hay uno que destaca sobre los demás. Es lo que provoca que el personaje actúe y decida.

El conflicto puede ser interno o externo:

  • Conflicto externo: Circunstancias externas que no dependen del protagonista.
  • Conflicto interno: Le ocurre al protagonista. Como un trauma personal.

NO confundir acontecimientos con sucesos ni peripecias.

  • Acontecimientos: Depende del protagonista y puede tomar decisiones.
  • Sucesos: No se puede evitar. Como, por ejemplo, una tormenta eléctrica.
  • Peripecias: Propias de las novelas de aventuras. Se trata de diversos obstáculos que se presentan por el camino. Como las arenas movedizas.

¿Mapa o brújula? ¿Qué clase de escritor eres?

compass-2946959_960_720Cualquiera que sea el camino que elijas, siempre hay alguien que dice que te equivocas. Siempre surgen dificultades que te tientan a pensar que tus detractores tienen razón. Trazar un mapa de acción y seguirlo hasta el final requiere mucho coraje. Ralph Waldo Emerson (1803-1882); escritor, filosofo y poeta estadounidense.

Mas nunca pude saber, a pesar de la lupa de aumento con que miraba y examinaba el poema acabado, qué brújula infatigable me había conducido en esta pequeña y grande odisea.” Gonzalo Escudero (1903-1971); poeta y diplomático ecuatoriano.

Para escribir una novela tienes que tener alguna idea de lo que quieres hacer. Pero antes de ponerte manos a la obra, has de reflexionar como lo vas hacer:

  • Escritor de mapa: aquel que, antes de ponerse a escribir, necesita seguir un esquema de la novela para evitar perderse.
  • Escritor de brújula: aquel que se pone a escribir automáticamente dejando que las ideas fluyan a medida que escribe sin saber que le deparara.

Yo me considero un poco de ambos, ya que me dejo guiar por mis instintos. treasure-map-153425_960_720Pero eso no significa que no tenga alguna idea clara que se pase por la cabeza y la esquematice para evitar perder y para que la historia tenga algo de coherencia, así atar todos los cabos al final.

¿Y tú que eres? ¿Escritor de mapa o de brújula? ¿O un poco de ambos?

 

 

 

Introducción

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“El escritor escribe su libro para explicarse a si mismo lo que se puede explicar”. 

Gabriel García Márquez (1927 – 2014) escritor colombiano.

 

 

Todos podemos inventar historias. Quizás queremos reflexionar sobre un tema, expresar un sentimiento, contar una anécdota, un sueño o un deseo que habías imaginado. Si quieres escribir una historia, pero por muy interesantes o originales que sean, deben pasar por una transformación.

¿Ser escritor se nace o se hace? Aunque sí es cierto que algunas personas tienen más habilidad o creatividad que otras, si no se desarrolla o practica esa capacidad constantemente no serviría para nada.

 

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